lunes 8 de septiembre de 2008

No queria


Quería silencio y detuve mi respiración. Por 5 segundos no escuche nada.

La luz de la pantalla era lo único que iluminaba la cada vez más pequeña habitación. Ya no quería escribir, ya no quería moverme, afuera el mundo bullía como hormiguero, y sentado en la cama escribía una carta que probablemente sería devorada por el olvido.

Pero aun así la escribí.

Salvándome del precipicio al que caminaba lentamente en cada recuerdo unas luces irrespetuosas rompieron la calma seguidas de tonos que siempre han provocado un terror casi delicioso. Me había prometido a mi mismo no contestar el celular hoy, pero como apuntando por un arma en la sien conteste. No era la llamada que esperaba.

Más me habla una bruja de lengua filosa y cama vacía. Y yo jure no hablar con ella, y yo prometí no caer entre sus piernas, y le grite que no volviera a buscarme. Aun así ambos sabíamos que mientras mas la negara mas la necesitaba.

-Voy para allá- susurro…

Corte de inmediato con el pecho contraído, implore a la vida que algo sucediera, una señal, un choque, una llamada, un e mail. La casa empezó a hacerse más fría, y yo empecé a resignarme. Baje a la cocina, patee el refrigerador, y de atrás una cucaracha amiga asomo sus enormes antenas.

-¿Que te sirvo amigo?

-“Fluoxetina on the rocks”- dije con tono cadavérico.

Dejo caer grandes trozos de hielo en el ancho vaso, con uno de sus ojos busco mi mirada, y al encontrarla comprendió cuan fuerte debía ser el trago.

-¿Lo vienen a ver joven?-

-lamentblemente- susurre.

Bebi despacio, bebi resignado. Pense en esconderme detrás del refrigerador, como una vez lo hice, pero allí abajo solo me espera un mundo similar a este, muy bien sabia la cucaracha que al servirme una copa, escapaba de debajo del fregadero, donde las cosas horribles de verdad ocurren.

Una de sus patas toco mi hombro, la tome entre mis manos, no tuve el valor de mirarlo a los ojos, antes podía, ya no. -Ve en paz- me dijo, y no pude contestar a su ofrenda de cariño.

Subi lento la escalera, apague todas las luces de la casa, me desvestí y entre a la cama.

El ruido de la puerta no me inmuto, pudieron pasar horas desde el sonido de la llave entrando hasta la puerta cerrándose, mas yo navegaba por mareas mas tranquilas, mareas causticas, mareas que algún dia serian maremotos. Hoy no.

A diferencia de otras veces, no ansiaba su llegada. Entro y gire la cabeza mirando hacia la pared. La cama se encogió y pronto su cuerpo se acoplo al mio, como un parasito, como recordaba que siempre lo hacia.

-Hace tiempo que no nos veníamos, aunque sabía que nos volveríamos a ver- dijo con tono antiguo

Mas ni una palabra salió de mis labios.

-¿acaso no me vas a mirar?

Y el silencio reino en la habitación.

Sus brazos rodearon mi cuerpo, y no tuve la fuerza para negar sus caricias.

Pronuncie tan suave que dios no pudo escucharme pero ella si:
-“No tengo que mirarte, se que eres tu Soledad