domingo 6 de julio de 2008

El Angel Deprimido.-

Desde lo lejos distinguí como se peleaban por el.

Caminaba por las afueras del fin del mundo, tenia deseos de fumar y para mi buena fortuna aun quedaba en uno de mis bolsillos un par de cigarros maltrechos y junto a ellos el encendedor que había encontrado meses atrás. En mi camino había un acantilado quejumbroso de los vientos implacables. El gran vació parecía una boca gigante desprovista de dientes, mas un sombrío silbido se escapaba desde el fondo de la garganta sin fondo.

Me deje caer sobre unas rocas que sirvieron de improvisado escondite contra los vientos y encendí el primer cigarrillo. Escuche claramente el sonido del tabaco quemándose, y por un momento me imagine dentro de la combustión. No tengo tanta suerte, murmure a un publico inexistente, tenia frió.

Aspire la nicotina que lleno mis pulmones y cerebro, cada célula, como impulsada por glucosa, se desactivo por un segundo y un crujir recorrió todo mi cuerpo acompañado de un suspiro color gris.

Entonces alce la vista, y vi a un grupo de seres alados, no quise ponerles nombres pues eran como un grupo de aves de puerto que se pelean un pez agonizante. Buscando descanso me encontré con una disputa de “angeles” de un cielo antiguo. Su presa no era un pez fuera del agua, era algo aun más triste, era un angel distinto.

Dos angeles de piel blanca como porcelana, con espadas doradas, cabellos rubios y castaños brillaban como luz en la oscuridad, blandiendo sus armas de oro santo demostrando gran habilidad ante un par de angeles caídos, de alas negras, ojos rojos bocas dentadas y manos como garras tan filosas como dagas, seres de la tromba abismal, espectros de plutón. No pude diferenciar cual de los 4 me repugno mas.

Derrotado ante ellos encontré al angel deprimido. No era feo, pero tampoco hermoso, no era alto ni bajo, no vestía de noche, tampoco portaba estandartes de oro cristiano, solo usaba una fría bata de hospital, de esas verdes, que no abrigan, que no protegen, que no esconden. Tenía las venas amoratadas, no distinguía su rostro, pues se encontraba oculto por un poco de sangre que escurría de una herida en su cabeza. Vi su espalda, y si bien tenia alas, eran deformes, una era muy pequeña y algo gorda, la otra era mucho mas larga, pero débil y frágil. No podría volar nunca.

Los angeles y demonios con furia tiraban de su cuerpo, lo alzaban, lo jalaban, hacia arriba, hacia abajo. Y los huesos crujían, y sus alaridos eran llevados por las corrientes de aire a cada rincón de mis oídos. Por un lado lo enviaban al infierno, y por otro lo jalaban al paraíso, y con fuerzas de uñas y dientes el luchaba contra sus secuestradores.

“De verdad no quería ir”

Junto a mí una piedra pellizco mi mano. La tome con ambas y la arroje al medio de la disputa. Como pensé, tanto los emisarios del día como de la noche huyeron espantados entre gritos afeminados y frases inteligibles. Entonces el angel de alas deformes se puso de pie como pudo, me miro directamente a los ojos que no tengo. Seguro sintió piedad por mi aparente ceguera, pues yo también sentí piedad por el al ver como cargaba su innegable destino.

Ambos no lo dijimos, pero lo sabíamos.

Se sentó junto a mi, y le ofrecí mi otro cigarro con un gesto que el acepto sin pensarlo dos veces. Consumió el tabaco rápido, usando la misma técnica que yo, buscando que penetrara directamente en el alma. No nos miramos, solo disfrutamos de la nicotina.

Al acabar el cigarrillo el lloro, yo también tenia ganas de llorar pero no lo hice. Lo abrace pues recordé a mi hijo perdido. Recordé que lo perdí en las arenas, recordé que se crió solo, recordé que llevo mucho tiempo caminando, pero mordí mi labio inferior. No era el, no podía ser el…

Ambos sabíamos que tendríamos que seguir nuestro camino, y aquel cigarrillo no nos daría la paz que buscábamos.

Finalmente hice la pregunta que nos despediría.

- ¿Por qué?

- He conocido el cielo y el infierno, fui pastor en los campos de eterno verdor, he visto al felicidad, he visto la vida, he comprendido lo que significa reír y e gozo del alma. He descendido a los infiernos, he sido soberano, he pecado, he sufrido, he conocido el sabor de la muerte y disfrutado de el miedo, la sangre y la sed de la carne, me he revolcado en los charcos mas putridos y he cometido los actos mas viles. ¿Me preguntas por que no vuelvo? No puedo volver al paraíso, no después de vivir en el infierno, no se vivir en los cielos, y no puedo vivir en el infierno, pues no soportaría estar lejos de la luz.

- ¿Y por que no vives aquí…?

- ¿Después de haber vivido lo que yo tu podrías vivir aquí?- dijo con voz pausada.

- No, pero aun no soy capas de reconocerlo.

Ambos nos marchamos. A lo lejos escuche un disparo y el viento se puso gris pólvora.

1 comentarios:

Athziri dijo...

"Tener alas no significa que llegarás al cielo"


Un dia cualquiera... te convido un cigarro... de esos que tengo guardados y ahora sé con quién compartir. ¿ Lo aceptas?