lunes 12 de mayo de 2008

SMS

SMS.-




Terminaba un cigarrillo cuando lo vi salir. Dejo su sonrisa dentro, puso doble llave a su puerta, limpio sus zapatos sutilmente con un pañuelo de tela, no estaban sucios, estaban impecables, como el resto de si. Traje elegantísimo para aquella hora de la tarde, corbata finísima, de esas que hacen que los trajes destiñan si no son dignos. Al moverse note su colonia que perfumo por breves instantes la calle saturada a aliento de tierra, basura y tubo de escape. Estaba peinado con gel, no como siempre salía a la calle usualmente, si no peinado a la vieja usanza, cada cabello como un rompecabezas encajaba perfectamente en la cabeza de él. Ojos hinchados tan rojos como el sol agonizante que pronto seria devorado por el horizonte.

Alrededor de el todo parecía en cámara lenta, nunca vi que alguien demorara tanto tiempo en girar una llave, disfrute el sonido de los engranes moverse. La imagen de la llave abandonando la cerradura fue casi digna de una pintura. Oí un poco mas y escuche el goteo eterno de su corazón averiado, como un sistema de drenaje estropeado por el tiempo y el uso. Y entonces escuche el vacío, escuche el horror, escuche el eco hueco que provocaban sus latidos lentos y rápidos, esos latidos que nacían para perderse en el vacío eterno del goteo incesante, estaba herido, estaba malherido, estaba condenado.

Pero el estaba muy elegante. Era un caballero, no cabía la menor duda.

Respiraba tan lentamente que casi parecía como si cantara, el oxigeno brillaba a su alrededor, llegue a pensar que el aire salía mas limpio de sus pulmones. Y camino; camino como alguien que camina sobre un campo de flores, marcando cada paso con suma cautela, casi flotando entre las bolsas de basura y piedras. Y subió como quien Asciende hacia una montaña muy alta, como lucifer conquistando los cielos, lentamente esquivando la barrera de contención, lentamente disfrutando de el polvo que rozaba su piel.

El viento izo alianza con la imagen, y pequeños soplidos comenzaron a revolotear como aves pequeñas a su alrededor, haciendo volar envases de golosinas que ya pasaron a una mejor vida. Y por un momento vi en sus ojos unos parpados contraídos, y en sus labios una mueca de dolor, y estoy seguro que desde su garganta escuche un grito que fue ahogado por músculos y mucosas internas. Y por un instante tembló, vacilo, pero en respuesta heroica saco una peineta de bolsillo, acomodo su pelo ya acomodado… y saco de su bolsillo, con sumo cuidado, un celular.

Su celular.

Lo miro por un largo minuto, levanto la vista y miro hacia el horizonte, con las cejas hacia abajo, tratando de proteger inútilmente sus ojos del sol. Todo su pecho se inflo en una inspiración que me lleno de paz, ternura y algo de melancolía. Yo pasó todos los días sentado aquí, y sabia que hora era, la rutina infernal siempre es la mejor aliada del dolor.

El miro el reloj en la pantalla liquida del teléfono, y vio que era la hora.

A lo lejos la vida cobro forma de tren, y grito su nombre un par de veces en el lenguaje de los trenes. El Calculo el tiempo, limpio un poco la solapa de su traje, calculo un minuto más, antes de pisar las líneas férreas.

Yo comencé a caminar, calcule que también demoraría un minuto en llegar donde el, así que camine como el, siguiendo su camino, pisando donde el había pisado. ¿Cuántas veces en la vida uno puede ver un suceso así?, yo diría que muy pocas, por lo mismo, aunque corriera no podía detenerlo, el sabia que nadie alcanzaría a detenerlo, sus cálculos como nunca fueron perfectos, yo pensé en detenerlo, pero tampoco quería hacerlo y sabia que el tampoco querría que lo hiciera. Por lo mismo, camine.

Y nunca un minuto se paso tan lento, nunca las lagrimas brotaron tan rápidamente de algunos ojos, pues no eran lagrimas, eran dos pequeños ríos que comenzaron a correr por sus mejillas, sin gimoteos, sin sonidos, con la mirada apagada, con la frente en alto, como un caballero.

Miro una vez más el celular, reviso su menú, sus latidos se escuchaban a cuadras de distancia, el sonido de los botones cada vez era más alto, y los gritos del tren ya eran frenéticos, quedaban unos cuantos segundos.

Tenía señal, tenia el máximo de batería, y no había respuesta.

Y fue entonces donde la tragedia entro en escena, fue entonces cuando la pintura se corrió, donde el pianista del destino erró con su ágil dedo.

A inminentes 5 segundos del impacto, el celular emitió un sonido, parió un pequeño sonido acompañado de una luce fugaz. No era una llamada, era un mensaje de texto.

Y todos sabemos cuanto uno se demora en leer estos mensajes, y él sabia que no alcansaria leerlo pues intento desesperadamente salir de las vías férreas.

Pero no lo logro.

Lamentablemente al momento de la llegada del mensaje el Puño de hierro ya se estaba encajando en todo su cuerpo, y vi como su cuerpo fue impulsado por el choque un par de metros, para luego ser descuartizado por las incontables patas de la cuncuna de hierro.

Lo trágico fue que sobrevivió al impacto por unos segundos,

Lo trágico fue que el celular quedo intacto a unos metros de el…

Lo trágico fue que el no tenia la mitad de su cuerpo y solo tenia restos de sus antebrazos…

Y trato de arrastrarse pero la sangre fluía caótica y febril por sus heridas y con ella las fuerzas y la vida lo abandonaban. El celular estaba a una distancia de el cielo al infierno. Yo camine unos cuantos pasos y tome el celular en mis manos.

Vi el mensaje

Y decía:
”Aprovecha, recarga desde 100 pesos en cualquier local X y obtén hasta 300 minutos gratis en tus recargas”

Lo trágico fue que mientras guardaba el celular en mi bolsillo me acerque a lo que quedo de el y le susurre al oído:

Si hubieras leído este mensaje, no lo hubieras hecho…

1 comentarios:

Nathalie dijo...

omg q trajico el final..
jahahha necesitaba un mensaje weon para no hacerlo, pero creo que estaba decidido...
suerte osman
natalie